El espíritu de la lujuria no se limita a deshonrar a una sola persona; a él se unen inmediatamente compañeros: banquetes, embriaguez, conversaciones indecentes y una mujer inmodesta que bebe, sonríe a uno, seduce a otro y enciende a todos con el mismo pecado. ¿Es insignificante esta propagación del mal?
- San Basilio el Grande